Al final ha sido el traductor al lenguaje de los signos que actuó en el entierro de Mandela, el que me ha ayudado a interpretar el gesto de Michelle Obama mientras su marido se fotografiaba junto a la Primera Ministra danesa. Su semblante es bastante elocuente y he conseguido con muy poco esfuerzo darle forma de soneto. Ahí va.
Mirad
cómo mi Barack se embelesa,
se
pone picarón, como una moto,
lo
conozco muy bien y se lo noto,
y a
lo mejor se lleva una sorpresa.
Si
va a seguirle el juego a esa danesa
e
insiste en esa mierda de la foto,
le
lanzo tal patada en el escroto
que,
con suerte, la rubia sale ilesa.
─Deje
de fastidiarme, Presidenta,
capaz
soy de matarla, si es que intenta
ligarse
a mi marido, y yo no quiero,
y
antes de que la cosa se caliente
voy
a quitarle el sitio al Presidente
y
encajar entre ustedes mi trasero.
LdP











