
Querida Teófila:
Enterado de la última disputa
que he causado, cogióme de improviso,
me quiero liberar del compromiso
hundido en la aflicción más absoluta.
Buscad a otro que coja la batuta,
que alguno habrá de genio más sumiso,
me conozco, y a veces es preciso
llamarle por su nombre a un hideputa.
Mira bien a quién nombras comisario
y vigila los gastos del erario
no vayan al bolsillo de algún trepa,
por Dios, que no merecéis tal calvario,
ni tú, Teófila, ni el Bicentenario,
ni Cádiz, ni Las Cortes, ni la Pepa.
LdP